Testimonios

Infertilidad en pareja

16 de febrero de 2024

Con mucha emoción, agradecimiento y alegría puedo decir que, junto a mi amor, pertenecemos al porcentaje de familias a las que sí les resultó.

Escribo esto con Olivia de 5 meses durmiendo a mi lado…y tenemos a su hermanita esperándonos “congelada”.

Quise compartir mi experiencia de amor, porque también tengo la fortuna de tener un gran compañero a mi lado.

Con Diego nos conocimos por Tinder. El con 41 y yo con 36. Fue un match fulminante. Ninguno tenía hijos y ambos ya habíamos desechado la posibilidad de tenerlos, pero juntos nuestra ilusión personal pérdida se hizo realidad…al poco rato juntos, ya había dejado de tomar mis pastillas anticonceptivas.

Nos casamos justo antes de la Pandemia… En efecto este año será nuestro primer aniversario, nos casamos el 29 de febrero. La pandemia representaba el desafío de unirnos aún más o separarnos… Estábamos recién casados y conviviendo literal 24/7

Para nosotros fue un regalo increíble. Un tiempo muy disfrutado que nos permitió soñar y comenzar a buscar a nuestros hij@s.

El tiempo pasaba y no teníamos ningún test positivo. Los compramos en cantidad industrial y todos los meses teníamos una sola rayita.

Comenzamos con los exámenes para ver qué ocurría. Nos diagnosticaron con la famosa Infertilidad de “causa desconocida”,

Estábamos listos para comenzar con una Inseminación y sin esperarlo nos embarazamos de forma espontánea. ¡La felicidad era inmensa!

Como buenos papás primerizos, pensamos en la ecuación lógica… Embarazo=guagua

Hasta que en la eco de la semana 12 nos encontramos con la frase «no hay latido».

Fue una cachetada fuerte. En pandemia. Sin información. Con muchas restricciones. Solos…fue durísimo.

Tuvimos un aborto retenido y decidimos esperar a que evolucionará en casa. El sangrado llegó y vivimos todo muy solos. Nadie sabía de nuestro embarazo, siguiendo esa anticuada regla de no contar hasta después de la semana 12, quedamos aislados… Era raro después contar que habíamos tenido una pérdida…

Yo me perdí… Me hundí en una tristeza profunda.

Diego me sacaba de la cama y me bañaba…

Diego me alimentaba,

Diego tomó todas las responsabilidades de la casa,

Diego era el fuerte,

Diego me sostuvo y me contuvo,

Diego se preocupó de cada detalle… De poder regalonearme de cualquier forma…

Y yo no fui lo mismo para él y a él nadie lo sostuvo ni lo contuvo…

A los meses, Diego estuvo a punto de perderse incluso más que yo.

Yo un poco más entera, pude reaccionar en algo y sacarnos a los dos de esa oscuridad. Decidimos dejar todo e irnos al Sur a sanarnos, la mejor decisión que pudimos haber tomado.

Ya con la mente y el alma más repuestas, sabíamos que no queríamos pasar por eso de nuevo, por lo que iríamos directo a un tratamiento de fertilidad. Muy imprevistamente, nos embarazamos de nuevo. Fue una sensación extraña, esta vez muy cautos con los aprendizajes de nuestra experiencia anterior. Esta vez lo contamos, porque pasará lo que pasará queríamos compañía.

Hicimos ecografías casi semanales, hasta que en la semana 8, de nuevo no había latidos. Nuevamente, nos perdimos, pero fuimos capaces de poder tomar decisiones más racionales. Hicimos un manejo clínico de nuestra pérdida para poder hacer estudios y tener luces de que ocurría.

De nuevo estuvimos solos físicamente, pero más acompañados emocionalmente. Pudimos hacer un duelo más concreto que nos ayudó y esta vez pudimos sostenernos mutuamente.

Volvimos al sur a sanarnos de nuevo y a tomar aliento. Ya no había dudas…con la tonelada de exámenes en mano fuimos a la clínica de fertilidad. Comenzamos así nuestra estimulación y nos preocupamos de prepararnos en todo sentido… Diego nuevamente fue mi sostén.

Diego preparaba las inyecciones y esperaba junto a mí el pinchazo,

Diego se preocupó de alimentarnos bien y de generar todas las condiciones para que estuviese lo más cómoda posible. Concretó cada una de mis peticiones, me cuidó de una manera excepcional y nunca en mi vida me he sentido tan amada.

Logramos tener 5 embriones que se fueron a PGT. Y de eso, obtuvimos a nuestras dos niñas. El embarazo fue un regalo: ¡un sueño! Contra todo pronóstico, tuvimos una espera feliz, tranquila, sin ningún problema,

Diego nuevamente nos cuidó, nos regaloneó, nos protegió, nos mimó…

Hoy es el mejor padre de familia que puede existir y uso este concepto un poco obsoleto no encuentro un mejor concepto para describirlo. Si bien somos muy compañeros y compartimos responsabilidades en todo, él se preocupa y se ocupa de que la familia que formamos esté siempre bien, de consentirnos…

¡Como buen ingeniero, se anticipa a todo y siempre está buscando formas de hacernos más felices!

Hoy tengo certeza de la importancia de tener un compañero en todo el sentido de la palabra y sé que todo hubiese sido diferente sin Diego a mi lado. También sé que fuimos afortunados y que recorrimos en cierta forma el camino felices, que nos resultó a la primera y no tuvimos ningún inconveniente en nuestro tratamiento.

Pero quiero con esto sólo entregar esperanza para quiénes lo están intentando y mandarles un abrazo apretado a quienes están perdidos, también nos pasó.

Y a ti Diego Ríos, no me alcanzarán los días para mostrarte la gratitud de tenerte, ni para quererte y admirarte lo suficiente.

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