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Testimonios

«Fue duro entender que no bastaba sólo con nuestras ganas de ser papás…»

4 de septiembre de 2023

Desde muy chica supe cómo me gustaría ser “cuando grande”. Siempre me vi con hijos, siendo mamá. El año 2013 me case con el que sin saberlo sería mi compañero de batallas. Había dos cosas en las que desde un inicio concordamos: queríamos hijos luego, ojalá 3, y queríamos vivir fuera de Santiago para tener una mejor calidad de vida en familia.

Fue así como, contra viento y marea, críticas y consejos no solicitados, dejé de tomar pastillas un mes antes de casarnos (para mí nunca fue tema no poder tomar o dar la vida en mi matrimonio si era por estar embarazada).

Estuvimos un año tratando de embarazarnos sin resultados, por lo que, de a poco nos fuimos insertando en este largo camino de la infertilidad. Comenzamos a investigar y llegamos al primer doctor que nos atendió, su diagnóstico fue “útero viejo”, se me quedo grabadísimo porque fue duro, sin anestesia… Con esto mi aproach con este mundo fue como un aterrizaje forzoso, yo recién estaba empezando con el proceso y ¿mi útero ya era viejo? …No entendía nada. Gracias a su “diagnostico” entendí rápidamente la importancia de la relación doctor-pareja en este proceso.

Fue duro entender que no bastaba sólo con nuestras ganas de ser papás y afrontar que jamás tendríamos ese factor sorpresa de historia de cuentos. También fue duro escuchar una y otra vez que el tiempo es el factor más importante, más aún con mi diagnóstico: baja reserva ovárica y óvulos de mala calidad, no había ni una posibilidad de quedarme embarazada de manera natural y la menopausia me llegaría antes de los 40 años (me case a los 31 así que ya estaba en cuenta regresiva).

Nos hicimos dos inseminaciones y ambas terminaron en un embarazo tubárico perdiendo una de mis trompas. Después de esto nos cambiamos de doctor, desde la primera consulta fue distinto, nos dio muchas esperanzas, al contrario del doctor anterior: “hay mujeres que les toca andar por camino pavimentado y otras por camino de tierra, a ti te toco de tierra… pero vamos a llegar igual”. Decidimos que ya no había que seguir perdiendo tiempo y que nos haríamos una in vitro… Para nosotros eran palabras mayores, no sólo por el tratamiento en sí, sino también porque implicaba mucho más lucas…Me acuerdo que estábamos en diciembre y el doctor nos aconsejó que nos fuéramos de vacaciones y, en marzo, entrar a la in vitro.

Fue en enero del año 2016 que supe que los milagros si existen… había quedado embarazada de manera natural, contra todo pronóstico. La vida, el universo, nos mandaron a nuestro milagrito: mi Lourdes (me acuerdo de ese momento y se me caen unos lagrimones). A los dos años de la Lourdes empezamos a tratar de nuevo, sin resultado. El orden cronológico ya ni lo recuerdo, fueron tantos los intentos… pero tuve un segundo embarazo tubárico que reventó mi otra trompa y 2 pérdidas.

Eso no nos botó, al contrario, decidimos esperar, descansar y volver con más fuerzas… queríamos hermanos para la Lourdes.

Así volvimos a hacernos 2 in vitros más, fueron 5 en total y fue en el último intento donde logramos tener nuestros huevitos. Es aquí donde aparece Facundo. Mi marido siempre me ha dicho: ¿has notado que siempre lo que más queremos nunca se nos da fácil? Pero ¡ay Dios! Cómo los disfrutamos ahora que los tenemos, somos una familia y un matrimonio mucho más fuerte.

Claramente los viajes a Santiago, las lágrimas, las ilusiones, los esfuerzos, los dolores, las lucas… valieron si o si la pena.

Decidimos que apenas podamos, le haremos el examen de conteo de óvulos a nuestra Lou, porque si bien no es una condición que se pueda prevenir, con la información anticipada el camino se puede hacer mucho más fácil.

Ignacia, 38 años