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Testimonios

Mamá neo, después del duelo

13 de noviembre de 2024

Conocí a mi marido, Oliver, por Tinder en 2018. Lo nuestro comenzó como una amistad muy linda que rápidamente se transformó en algo más. En ese entonces yo vivía en Antofagasta y él en Santiago. Decidí mudarme, busqué trabajo y me fui a vivir con él. Al poco tiempo quedé embarazada. No fue algo planificado, pero tampoco estábamos cuidándonos.

Fue esa emoción típica que uno siente al imaginar que todo va a salir bien, como si el test positivo ya asegurara un final feliz.En 2019 recibimos la noticia de que estábamos esperando a nuestro primer hijo, Mateo. Lo contamos con mucha alegría, pero a las pocas semanas nos dijeron que el bebé no había crecido. Me manejaron pésimo. En lugar de hacerme un legrado, me dejaron con un “manejo expectante” que fue terrible. Terminé sangrando en mi casa, algo tan traumático que creo que mi mente bloqueó muchos recuerdos. Mateo fue nuestro primer adiós, y aunque su tiempo con nosotros fue corto, siempre tendrá un lugar en mi corazón.

En 2020, después de varios exámenes, me dijeron que mi hormona antimülleriana estaba muy baja para mi edad y que, si quería ser mamá, debía apurarme. Comenzamos con inyecciones y relaciones programadas. Fue un proceso lleno de esperanzas y frustraciones. En agosto de ese año, tuve un embarazo ectópico. Esta vez era nuestro Ángel. Me operaron justo a tiempo porque mi trompa estaba a punto de estallar. Perdí la trompa, y con ella, una parte de mis ilusiones. Decirle adiós a Ángel fue devastador, pero seguí adelante, aferrándome al deseo de ser mamá.

En 2021 quedé embarazada nuevamente, con relaciones programadas justo en un eclipse Amanda llegó a nuestras vidas como una luz en medio de tanta pérdida. Estaba llena de miedo, revisándome constantemente, pero también emocionada. Amanda nació en 2022 por cesárea de emergencia, y aunque inicialmente parecía estar bien, se fue a casa con nosotros y, sin aviso, falleció. Nunca tuvimos una explicación. Su partida nos rompió por completo.

Perder a Amanda fue un dolor que nunca imaginé experimentar. Uno nunca piensa que su primer recién nacido será una estrella en el cielo, mucho menos tres. Siempre soñé con verla crecer, con escuchar su risa y sentirla en mis brazos. Pero la vida nos dio un golpe inesperado, y desde ese día, aprendí que el duelo nunca se va, solo cambia de forma. La llevo conmigo siempre, en cada pensamiento, en cada decisión, en cada paso. Amanda, como Mateo y Ángel, es una ausencia que duele, pero también me impulsa a seguir adelante.

Después de esto, decidimos congelar embriones para analizar genéticamente cualquier problema. Pasamos por hematólogos, inmunólogos, genetistas… queríamos asegurarnos de que algo así no volviera a ocurrir.

Finalmente, en 2022, logramos obtener embriones sanos. Todo este proceso coincidió con fechas muy significativas, como si la vida estuviera llena de señales para nosotros. El 6 de agosto de 2022, justo un año después del fallecimiento de Amanda, fue mi extracción. Un mes después, el 6 de septiembre, fue la implantación de Vicente, y el 6 de octubre escuchamos por primera vez su corazón latiendo en la ecografía.

No fue fácil; a las 12 semanas me diagnosticaron placenta previa oclusiva total, y luego comencé a sangrar en la semana 28. Fueron días de miedo constante, pensando que falleceria nuevamente otro hijo . Finalmente, Vicente nació prematuro, con solo 29 semanas, el 9 de marzo de 2024. Pesaba apenas un kilo y y 400 gramos verlo en la incubadora, entubado, fue desgarrador. Pasamos dos meses en neonatología, llenos de sustos y aprendizajes.Cuando al fin nos dieron de alta, el miedo seguía presente.

Cada noche lo miraba, temiendo que le pudiera pasar lo mismo que a sus hermanos. Pero Vicente es un guerrero, nuestro milagro. Hoy tiene 8 meses (5 y medio corregidos) y es un bebé precioso, lleno de vida y alegría.

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