Testimonios
Elijo Creer
12 de Diciembre del 2024
Diciembre es sinónimo de películas de Navidad, de nostalgia, de esa sensación de que las posibilidades están abiertas, como si la magia pudiera transformar nuestras vidas de manera inesperada. Es la época de los milagros navideños, de las sorpresas de fin de año. Como en las películas, soñamos con el final feliz que todos sentimos que merecemos.
Pero qué difícil es mantener la fe. Qué difícil es seguir creyendo que puede resultar, que todo va a estar bien, o aceptar que, aunque el desenlace sea distinto a lo que imaginamos, aún puede ser hermoso.
Cuando comencé mis tratamientos hace casi nueve años, no le contaba a nadie cuánta ilusión tenía de que resultara. Partí un octubre, y durante ese primer mes, no dejaba de soñar despierta con la idea de contarle a todos en Navidad que estábamos embarazados. A pesar de la esperanza inmensa que tenía en ese tratamiento, mantuve mi anhelo en secreto. Creo que ni siquiera mi marido sabía cuánto deseaba ser mamá. Si alguien me preguntaba, respondía con una sonrisa despreocupada: “¡No, todavía no! Lo estamos pasando bien, no queremos hijos aún, ¡qué cacho!”.
Es curioso cómo, muchas veces, buscamos esconder nuestra vulnerabilidad, como si mostrar nuestros anhelos y deseos nos dejara expuestos al juicio del mundo. Nos cuesta admitir lo que más queremos, porque si no resulta, sentimos que el fracaso es doble: no solo nos duele a nosotros, sino que queda a la vista de todos.
Detrás de esa fachada, vivía cada test negativo con una mezcla de culpa y vergüenza. ¿Cómo había podido permitirme creer otra vez? ¿Cómo podía ser tan ingenua? Me considero una persona pragmática y eficiente, y esa incapacidad de controlar mi mente me frustraba tanto como no poder controlar mi cuerpo. ¿Cómo decirle al corazón y a la cabeza que dejaran de soñar? Pasé por siete transferencias de in vitro, jurando que ya no me importaba, que prefería pensar en lo peor para sorprenderme si el resultado era positivo. Pero, siendo honesta, nunca pude sacarme de la mente esa pequeña, infinitesimal posibilidad de que pudiera resultar.
Quienes nos enfrentamos a la infertilidad, buscamos mil maneras de protegernos de los vaivenes de esta enfermedad . Por mucho tiempo, mi mecanismo fue elegir no creer, no esperar nada, para evitar la caída. Pero hoy, después de haber cerrado el capítulo de los tratamientos, con dos hijos y un sinfín de lágrimas derramadas, entiendo que es una mentira pensar que podemos controlar cuánto esperamos o cuánto creemos. Porque, si sigues intentándolo, es porque en el fondo de tu corazón sigues creyendo que puede resultar.
Estás eligiendo creer.
Cuando decides que no quieres seguir, no significa que pierdas la magia. Creer es, para mí, una de las emociones más básicas del ser humano. Cuando ponemos fin a un camino, no dejamos de creer: simplemente elegimos creer en otro final, en otra felicidad.
Estás eligiendo creer.
Este diciembre, atrévete. Haz las cábalas,los ritos, sueña, di en voz alta tu anhelo más preciado sin miedo a que no se cumpla. Porque, si sigues aquí, tratando, es porque, a pesar de todo, elegiste creer.
Un abrazo enorme,
Fiore