TESTIMONIO
Saber pedir ayuda
18 de Noviembre de 2024
Soy una mujer de 43 años de la región del Biobío, mamá por primera vez a los 20 de manera natural. Después de un embarazo ectópico, perdí ambas trompas, y aunque la maternidad ya no estaba en mis planes porque tenía un hijo que ahora tiene 23 años, mi historia cambió al volver a casarme. Mi esposo no tenía hijos, y en mi corazón sentí que no podía negarle la posibilidad de ser papá. Así comenzó nuestro camino.
Después de investigar y buscar opciones, llegamos a la Clínica de la Mujer. En ese entonces, los tratamientos no estaban cubiertos ni por Isapre ni Fonasa, pero decidimos hacer el esfuerzo económico y lo intentamos.
En 2018 enfrenté mi primer tratamiento de FIV, que no resultó. A pesar del dolor y las dudas, decidimos intentarlo nuevamente. En el segundo tratamiento obtuvimos 5 embriones. En octubre de 2019, realicé mi primera transferencia con dos de ellos, y de ahí nació mi pequeña Arantza Victoria, quien ahora tiene 4 años. Aunque uno de los embriones no se desarrolló, quedamos agradecidos y con la esperanza de intentar más adelante con los otros tres embriones congelados.
Este año, en febrero de 2024, realizamos una segunda transferencia. Todo parecía ir bien: la beta fue positiva, escuché latidos y vi el saquito gestacional. Pero a las 8 semanas, todo cambió. Dolor, sangrado, y una pérdida devastadora me dejaron en el suelo, sin ganas de nada. Solo mi hija Arantza me daba fuerzas para seguir, pero caí en una profunda depresión, llena de culpa y tristeza. Octubre fue especialmente difícil, ya que ese mes esperaba tener a mi angelito en brazos.
Una amiga me habló de la Fundación Fënn. Llené un formulario para solicitar ayuda psicológica gratuita y, a las pocas semanas, me contactaron. Me asignaron una psicóloga, Tatiana, que fue un pilar fundamental. Al principio tenía mucho miedo de buscar ayuda; temía ser juzgada o no sentirme comprendida. Pero desde la primera sesión con Tatiana, me sentí cobijada, escuchada y apoyada.
Fueron cinco sesiones llenas de aprendizaje y sanación. Gracias a la Fundación y a Tatiana, pude salir del hoyo en el que estaba, volver a sentir esperanza y tomar la decisión, seis meses después, de intentar una nueva transferencia.
Ahora estoy con hormonas, preparándome para una transferencia en noviembre. Tatiana me dejó un mensaje que atesoro profundamente: ‘Ahora vas a intentar una nueva transferencia con dos experiencias en tu corazón: una buena, de donde nació tu princesa Arantza, y una triste, con la pérdida gestacional. Pero ahora estás más preparada para afrontar cualquier panorama, sea bueno o malo.’
Quiero decirles a todas las mujeres que han pasado por una pérdida, que no están solas. Es un dolor profundo, que a veces sentimos que nadie puede entender, pero no tienen que enfrentarlo solas. Pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de valentía. La sanación es un proceso difícil, pero buscar apoyo puede marcar toda la diferencia. No tengan miedo de hablar, de abrir su corazón y de recibir el acompañamiento que tanto necesitan. Yo también lo hice, y gracias a ello, hoy vuelvo a soñar con esperanza.